Asertividad, una herramienta para las relaciones

Asertividad, una herramienta para las relaciones

Las relaciones interpersonales están plagadas de situaciones en las que, dependiendo de cómo las gestionemos, puede aparecer un conflicto.

¿Cuántas veces ocurre que nos molesta un comportamiento de un amigo, hacemos algo que no queremos hacer o respondemos con enfado ante la incomprensión de alguien cercano ante un problema que le contamos? Estas son situaciones que se dan a menudo y, sin embargo, no es infrecuente encontrarnos con que las respuestas que damos nos dejan insatisfechos. Bien sea porque nos sentimos culpables por nuestra reacción, incomprendidos por el otro u obligados a actuar de una determinada manera, lo cierto es que nos deja un sabor amargo.

En función de cómo respondemos ante estas situaciones, podemos hablar de que estamos utilizando un estilo de comportamiento u otro. Sin embargo, no todos dan los mismos resultados.

Pongámonos en la situación de que un amigo nos pide por favor que le llevemos en nuestro coche a un pueblo que se encuentra a una hora de nuestro domicilio porque tiene que hacer un recado y su coche se ha estropeado. Nosotros ese día en concreto tenemos gran cantidad de cosas que hacer y hacerle el favor supondría tener que aplazar al viaje a ver a nuestra familia que teníamos planeado por falta de tiempo.

Ante esta situación podríamos responder de diversas maneras. Podríamos, por ejemplo, enfadarnos y decirle que es un mal amigo por no tener en cuenta que lo que nos pide conllevaría suspender el viaje que llevamos tanto tiempo esperando. Esta reacción supondría por una parte conseguir nuestro objetivo (no tener que hacerle el favor) pero conllevaría también un perjuicio, ya que tendríamos una discusión con nuestro amigo.

También podríamos aceptar hacerle el favor y llevarle donde necesita aún a costa de suspender nuestro viaje. En este caso no discutiríamos con nuestro amigo  pero seguiría existiendo un perjuicio para nosotros ya que renunciaríamos a ver a nuestra familia.

Por último podríamos decirle de forma tranquila, que entendemos que necesita ese favor pero nosotros no podemos hacérselo por las razones que ya hemos comentado. De esta manera mostraríamos empatía hacia las necesidades de nuestro amigo pero también expresaríamos nuestras propias necesidades. Una vez hablado esto, podríamos intentar buscar entre los dos otra solución.

Estos son ejemplos que muestran lo que sería un comportamiento agresivo, inhibido y asertivo. Como podemos ver, utilizar un estilo asertivo conllevaría ser conscientes y expresar nuestros derechos y sentimientos pero teniendo en cuenta y respetando los de los demás.

Si observamos con atención los tres ejemplos podremos ver como al utilizar el estilo agresivo expresamos nuestros derechos pero no respetamos los de nuestro amigo y al utilizar el estilo inhibido sucedería al revés.

De manera resumida, estas serían las características principales de cada estilo de comportamiento:

  • Inhibido: Se desconocen los derechos asertivos básicos y las habilidades asertivas. Se intenta evitar molestar u ofender a los demás. Lo que se consigue es la pérdida de la autoestima y del aprecio de otras personas y sentimientos negativos de temor.
  • Agresivo: desconocimiento o no reconocimiento y desprecio de los derechos de los demás. Se defienden los derechos e intereses propios sin respetar a las personas con las que se interactúa. Se intenta dominar a los demás, salirse con la suya a la fuerza. Lo que se consigue es rechazo de los demás, soledad y sentimientos negativos de ira.
  • Asertivo: Conocimiento de los derechos y habilidades asertivas. Se intentan conseguir los objetivos cualesquiera que sean, respetando los de los demás y sintiéndose bien consigo mismo.

A estos 3 estilos podríamos añadirle un cuarto que no sería más que la mezcla entre el agresivo y el inhibido. Se denomina pasivo-agresivo y hace referencia a un comportamiento externo inhibido, no expresando sus sentimientos o haciéndolo con indirectas pero internamente sus pensamientos son agresivos. Estaríamos utilizando este comportamiento si por ejemplo, en la situación que comentábamos antes, aceptáramos llevar a nuestro amigo pero a lo largo del viaje le dijéramos varias veces con indirectas que por su culpa no vamos a ver a nuestra familia.

Una misma persona puede utilizar diferentes estilos de comportamiento en distintas situaciones, incluso en una misma situación dependiendo del momento las reacciones pueden variar. Sin embargo, tomar conciencia de como reaccionamos nos otorga la posibilidad de introducir la asertividad en nuestras relaciones, lo que puede proporcionarnos grandes beneficios.

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