Inteligencia Emocional, qué es y cómo aplicarla

Inteligencia Emocional, qué es y cómo aplicarla

Podríamos decir que desde comienzos de este siglo, la inteligencia emocional está “de moda”. Sin embargo, ¿Cuánto sabemos realmente de este concepto  y de los beneficios que puede aportarnos?

Lo primero que debemos saber es que el surgimiento de la inteligencia emocional supuso un cambio importante en nuestra manera de entender al ser humano. No hace tanto que las emociones y su estudio eran relegadas a un segundo plano por ser consideradas irracionales. Más que algo que debíamos comprender, eran vistas como una parte de nosotros que debíamos  controlar, “que molesten lo menos posible para que lo racional pueda prevalecer”.

A raíz del nacimiento del concepto de Inteligencia Emocional propuesto por  Peter Salovey y John Mayer y dado a conocer por Daniel Goleman, pudimos dejar de considerar la inteligencia y las emociones como opuestos y empezar a verlos como parte de un todo.

La Inteligencia Emocional es la capacidad de percibir, reconocer, controlar y regular nuestras emociones, así como las de los demás. Veamos de qué manera podemos fomentar estas capacidades y beneficiarnos de sus ventajas.

El punto de partida es tomar conciencia de lo que sentimos en cada momento.  A menudo nos perdemos en nuestros pensamientos, reflexionando una y otra vez sobre los mismos temas sin llegar a ninguna conclusión. En esos momentos estamos atendiendo solo a una parte de nosotros, la parte cognitiva. Nuestro objetivo no es deshacernos de esta parte sino conectarla con las emociones, y para ello es necesario que nos preguntemos a nosotros mismos qué estamos sintiendo.

Una vez que hemos percibido la experiencia emocional y le hemos puesto una etiqueta verbal (tristeza, alegría, rabia, etc) el siguiente paso será comprender por qué lo estamos sintiendo. Es decir, esta es la parte en la que conectaríamos esa emoción con el pensamiento con el fin de entender que está ocurriendo. Las emociones nos dan información y es en esta fase en la que tendremos que identificar el mensaje que quieren mandarnos. Por ejemplo, si en un momento dado sentimos miedo es probable que nuestra mente esté queriendo avisarnos de que existe un peligro para nosotros. De esta manera, al entender ese mensaje podremos prestar atención al peligro y poner en marcha los recursos necesarios para hacerle frente.

Una vez que somos conscientes de lo que estamos sintiendo y la relación entre esa emoción y lo que ocurre tanto fuera como dentro de nosotros, nuestra capacidad para la autorregulación aumenta. Podremos sentir miedo o tristeza sin tener la sensación de que nos desbordan, ya que las entendemos y sabemos de dónde vienen. Además, seremos conscientes de en qué momentos debemos prestar atención al mensaje que nos manda la emoción y en cuáles puede resultar más adaptativo poner en marcha estrategias de distracción (ir al cine, quedar con amigos/as) o de relajación.

Por lo tanto, aumentar nuestra inteligencia emocional se basa en algo tan simple y a la vez tan complicado como saber qué sentimos en cada momento y por qué lo sentimos. De esta manera conseguiremos que las emociones sean nuestras aliadas, permitiendo que nos den información sobre nuestro mundo interno y externo y haciendo uso de los recursos que nos ofrecen para afrontar las diferentes situaciones.

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