Ruptura de pareja y duelo

Ruptura de pareja y duelo

Cuando escuchamos la palabra duelo, la primera descripción que nos viene a la cabeza es la reacción posterior a la muerte de una persona cercana. En efecto, esta sería una de las varias definiciones de este proceso, sin embargo no es del todo completa. La palabra duelo viene del latín dolium, dolor, aflicción. Y hace referencia a la reacción natural ante la pérdida de una persona, objeto o evento significativo.

Pese a que ambas definiciones puedan parecernos muy similares, la segunda abarca un abanico de procesos mucho más amplia que la primera. Así podríamos hablar de duelo ante la muerte de un ser querido, una ruptura de pareja, la pérdida de un trabajo, un cambio de residencia, etc. Los diferentes tipos de pérdidas pueden ser clasificadas de la siguiente manera (Tizón, 2004):

  • Pérdidas relacionales: son las pérdidas relacionadas con las personas que nos rodean y que son importantes en nuestras vidas. En este tipo se incluirían las rupturas de pareja, los fallecimientos, los abandonos, etc.
  • Pérdidas intrapersonales: son aquellas que tienen que ver con nosotros mismos, como la pérdida de algún tipo de capacidad, ya sea intelectual o física.
  • Pérdidas materiales: ocurren cuando perdemos objetos o posesiones que nos pertenecen.
  • Pérdidas evolutivas: hace referencia a las pérdidas que conllevan los cambios a través de las etapas de nuestro ciclo vital (infancia, adolescencia, juventud, etc).

Cuando al tipo de duelo que nos referimos es al duelo por una ruptura de pareja, a menudo nos encontramos con que el proceso no se lleva a cabo de la mejor manera, lo que puede conllevar emociones desagradables (más allá de las propias de la situación) e incluso desembocar en un duelo patológico. Es probable que, dado que el duelo por excelencia es el referente al fallecimiento de un ser querido, no dispongamos de tantos conocimientos o herramientas para hacer frente a este proceso cuando se trata de una ruptura de pareja, lo que nos hace vernos a nosotros mismos indefensos ante estas situaciones.

Una teoría que nos permite comprender mejor el duelo en general, y más concretamente el que se da como consecuencia de una ruptura sentimental, es la teoría del apego propuesta por  John Bowlby (1907-1990). Esta teoría sostiene que la necesidad de establecer vínculos afectivos en la infancia prevalece sobre todas las demás. Así, el apego haría referencia al lazo afectivo que una persona o animal forma entre él mismo y otro de su especie. El objetivo de estas conductas en la infancia sería el de proporcionar al niño una base de seguridad sobre la cual explorar el entorno.

Pese a que estas conductas de apego son mucho más evidentes durante los primeros años, este es un proceso que dura toda la vida y, a pesar de que sus manifestaciones pueden diferir en las distintas etapas del ciclo vital, las personas mantenemos la necesidad de establecer lazos emocionales fuertes y duraderos con el otro. De manera similar a lo que ocurría en la infancia, estos vínculos proporcionan una percepción de seguridad y protección que, al romperse implica fuertes reacciones emocionales.

Por esta razón, una ruptura sentimental puede tener repercusiones en muchas áreas de nuestra vida, tales como la identidad, el autoconcepto y la autoestima, nuestra percepción de competencia social y parental, la seguridad personal, etc.

Dado que afecta a tantas áreas, es un proceso difícil que conlleva sufrimiento, pero que a su vez puede proporcionarnos una oportunidad de conocernos mejor a nosotros mismos y desarrollarnos personalmente. Explorar como nos ha afectado y en qué áreas ha tenido más impacto (por ejemplo, puede afectar más a nuestra autoestima que a nuestra percepción de competencia social) puede darnos información acerca de que modos de actuar, de pensar y de sentir nos perjudican y en cuales podemos centrarnos de cara a desarrollarlos.

Así, ejercicios tales como explorar los errores de pensamiento que a menudo se cometen, identificar nuestras emociones poniéndolas en relación con los pensamientos y nuestros esquemas previos y ser flexibles a nuevas formas de actuación nos puede beneficiar ampliamente. Por un lado nos ayudará en la gestión del duelo, y por otro nos brindará la oportunidad de crecer durante el proceso.

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